Oct 19

Preciosa poesía de Emily Dickinson. [Traducción de Enrique Goicolea]

El viento llamó con golpecitos,

como un hombre cansado.

Y, como una anfitriona, yo

contesté resuelta “Entra”.

Entró entonces en mi habitación.

Un veloz convidado, sin pies,

a quien ofrecer una silla

era tan imposible

como ofrecer un sofá al aire.

No tenía huesos que lo sostuvieran.

Su hablar era como la arremetida

de numerosos colibríes a la vez,

desde un fabuloso arbolillo.

Su apariencia la de una ola.

Sus dedos, al pasar,

producían una música, como melodías

que salían trémulas de un cristal.

Hizo la visita, también revoloteando;

luego, como un hombre tímido,

dio de nuevo unos golpecitos, de forma presurosa;

y yo me quedé sola.

Traducción de Enrique Goicolea para la editorial NØRDICALIBROS

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